viernes, 25 de noviembre de 2011

DINERO Y FAMILIA 7.

DIEZMAR.
Ya sé que a los católicos nadie nos pide diezmar. Estamos tan acostumbrados a pensar que el dinero que Dios nos ayuda a conseguir con nuestro trabajo es nuestro, para nuestras necesidades o gustos, y que siempre es poco, que no sólo no diezmamos sino que somos ridículamente avaros con el dinero que le debemos a la Iglesia.
No le damos nuestro diezmo a Dios. Él no lo necesita para nada, es el dueño de todo.
Lo damos para mostrarle al Señor que agradecemos su mano generosa, que nos alimenta y nos sostiene.
La gente cree que si separa la décima parte de sus ingresos le faltará ese dinero. Nada más falso, lo que le queda le alcanzará y le sobrará.  Si no lo pruebas nunca lo sabrás.
Ahora bien, el uso que des a tu diezmo depende de tu voluntad. Puedes darlo como limosna en el templo, o a una obra de caridad cristiana, o para una obra que difunda la evangelización. Tú verás.  Sólo recuerda que el diezmo no es tuyo, no quieras ser bendecido si no eres agradecido.

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